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El arroz refrigerado y su transformación en fibra dietética según especialistas

La ingeniera en alimentos Montse Meléndez explica cómo el enfriamiento prolongado del arroz modifica su estructura molecular, beneficiando la salud digestiva.

Redacción Órbita
Foto: xataka.com.mx

La ingeniera en alimentos Montse Meléndez ha compartido recientemente una perspectiva técnica sobre el consumo de arroz, desmitificando creencias populares sobre su recalentamiento. Según la experta, el proceso de cocinar el arroz, dejarlo enfriar y mantenerlo en refrigeración durante al menos 24 horas provoca un fenómeno químico conocido como retrogradación del almidón. Este cambio estructural convierte al carbohidrato simple en lo que se denomina almidón resistente, el cual actúa en el organismo de manera similar a la fibra dietética.

Este proceso es de particular interés para la salud metabólica, ya que el almidón resistente no se digiere completamente en el intestino delgado. Al llegar al colon, este compuesto favorece la microbiota intestinal y ayuda a moderar los picos de glucosa en sangre tras las comidas. Meléndez subraya que, aunque la refrigeración es clave, la seguridad alimentaria debe prevalecer siempre, asegurando que el arroz se conserve a temperaturas adecuadas para evitar la proliferación de bacterias patógenas.

La recomendación técnica sugiere que, al momento de consumir el arroz tras el periodo de reposo en frío, el recalentamiento debe ser uniforme y alcanzar una temperatura interna segura. Esto permite aprovechar las propiedades funcionales del almidón sin comprometer la higiene del alimento. La experta enfatiza que esta transformación no elimina los nutrientes esenciales del grano, sino que mejora su perfil nutricional al reducir su impacto glucémico inmediato.

En el contexto de la nutrición en México, donde el arroz es un alimento básico presente en la mayoría de los hogares, esta información resulta relevante para mejorar los hábitos alimenticios cotidianos. Instituciones de salud y especialistas en nutrición han señalado en diversas ocasiones la importancia de entender la composición química de los alimentos de consumo frecuente. Adoptar prácticas de refrigeración y conservación correctas no solo prolonga la vida útil de los productos, sino que optimiza su aprovechamiento biológico según la evidencia científica actual.

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